lunes, 16 de diciembre de 2013

Recomparto tarjeta navideña de P.O. Miguel Esteban Hesayne y mensaje navideño de obispos patagonicos


 
 
Extracto del mensaje de los obispos de la patagonia para esta navidad:
 
“No teman, les traigo una gran alegría para todo el pueblo” (Lc.2,10)

 Queridos hermanos y hermanas, ¡qué lindo es poder saludarlos, con la misma expresión con la que el ángel saludó a los pastores, “NO TEMAN”! No estamos acostumbrados a saludarnos así, al contrario muchas veces nuestro saludo genera en el otro, miedos, tristezas y angustias.

1- Es cierto que vivimos tiempos complicados. Quien mira con objetividad y responsabilidad este tiempo de la historia no puede dejar de señalar situaciones muy complejas y preocupantes. Mirando nuestra región patagónica señalamos tan solo algunas:

- frente a la generosidad de Dios puesta de manifiesto en las riquezas naturales de estas tierras: ¡cuántos intereses económicos desmesurados y concentrados en unos pocos hacen que muchos vivan en gran precariedad, y el futuro de la Patagonia como ”casa de todos” quede com-prometido por ese maltrato de la tierra, del agua, del aire…!
- frente al anhelo de una economía equitativa y solidaria: ¡cuántas desigualdades e injusticia se instalan como si fueran “normales” por sueldos desmesurados para algunos y “migajas” para muchos, por la multiplicidad de trabajos precarios, por el mal empleo y enajenación corrupta de los bienes públicos!
- frente a la aspiración profunda de una convivencia social pacífica: ¡cuánta violencia alimentada por la falta de igualdad de posibilidades, piénsese en ausencia de oportunidades laborales, de vivienda, de salud…, por silenciarse reclamos justos reiterados, por el drama de la droga que, por intereses económicos y ausencia de compromiso socio-político, se multiplica diariamente!

2 - Frente a todo esto volvemos a escuchar en esta Navidad: “no teman”, y no dudamos de esta invitación ya que nace del hecho que el Señor está con nosotros, y que en Él la vida nueva y plena es una realidad puesta en nuestras manos. Desde las reflexiones de Aparecida reafirma-mos: “Lo que nos define no son las circunstancias dramáticas de la vida, ni los desafíos de la sociedad, ni las tareas que debemos emprender, sino ante todo el amor recibido del Padre gracias a Jesucristo por la unción del Espíritu Santo” (DA 14)

3 - Creer en Dios nos hace ser portadores y estar comprometidos con valores que a menudo no coinciden con la moda y la opinión del momento. La Fe nos lleva a adoptar criterios y asumir conductas que no pertenecen a la manera de pensar de “los grandes y poderosos” de este mundo.
Cada Navidad pone de manifiesto el camino de Dios para llenar nuestra historia de vida plena. Ahí debemos descubrir el camino que como Iglesia debemos recorrer. La Fe nos lleva a ver y comprender con los ojos de Dios esta historia, ver y comprender para recorrer el mismo camino de Dios, camino de donación de sí para los demás, de fraternidad y solidaridad, venciendo el mal con el bien.

4- Hacernos cercanos para reconocernos y vivir como hermanos. La lejanía dificulta ver la verdad más profunda del otro. Él, como yo, es un hijo, una hija de Dios, con sus dones, sus esperanzas, sus heridas y sus pecados.
La lejanía nos impide comunicarnos, hace imposible escuchar y hablar con el otro, y eso nos lleva a ignorarnos, a desconocernos, a hacernos una idea del otro muy lejana a su realidad.
La Navidad nos enseña buscar la cercanía, gratuita, sin ventajas personales, sin tratar de imponer nada. Dios se hace hombre, se ofrece gratuitamente, espera y no impone una respuesta a su amor.
Así nos lo dice el Papa Francisco en su reciente Exhortación Apostólica “La alegría del Evangelio”: “Hoy que la Iglesia quiere vivir una profunda renovación misionera, hay una forma de predicación que nos compete a todos como tarea cotidiana. Se trata de llevar el Evangelio a las personas que cada uno trata, tanto a los más cercanos como a los desconocidos. Es la predicación informal que se puede realizar en medio de una conversación y también es la que realiza un mi-sionero cuando visita un hogar. Ser discípulo es tener la disposición permanente de llevar a otros el amor de Jesús y eso se produce espontáneamente en cualquier lugar: en la calle, en la plaza, en el trabajo, en un camino” (EG 127).

Virginio D. Bressanelli, scj (Obispo de Neuquén) Marcelo A. Cuenca (Obispo de Alto Valle del R. N.), Juan José Chaparro, cmf (Obispo de San Carlos de Bariloche) Miguel Ángel D’Annibale (Obispo de Río Gallegos), Joaquín Gimeno Lahoz (Obispo de Comodoro Rivadavia) Esteban M. Laxague, sdb (Obispo de Viedma) José Slaby, c.ss.r. (Obispo de la Prelatura de Esquel) Miguel E. Hesayne (Obispo emérito de Viedma) Marcelo A. Melani, sdb (Obispo emérito de Neuquén) Néstor H. Navarro y José Pedro Pozzi, sdb (Obispos eméritos de Alto Valle del Río Negro)