sábado, 20 de julio de 2013

Día del amigo compartido junto a los abuelos del Hogar Parroquial de Ancianos

Coco Zubiri y Adriana Titarelli se arremangaron y se transformaron en los parrilleros de la compartida junto a los abuelos , gente de la comunidad parroquial y  equipo de animacion del hogar. En un sencillo y lindo clima compartimos mesa , charla y algunas canciones para celebrar el valor de la amistad y unir el agasajo a los albañiles que en estos últimos días colocaron el techo de una ampliacion que se esta realizando en el hogar.
Agradecemos a Dios la vida recibida a traves de amigos y seres queridos.
 
 





 
 
 
Les comparto un escrito sobre la amistad de alguien que conoce de desiertos, misiones, vuelos, miradas y encuentros:
“¡Estoy tan cansado de polémicas, de exclusividades, de fanatismos! En tu casa puedo entrar sin vestirme con un uniforme, sin someterme a la recitación de un Corán, sin renunciar a nada de mi patria interior. Junto a ti no tengo ya que disculparme, no tengo que defenderme, no tengo que probar nada. Más allá de mis palabras torpes, más allá de los razonamientos que me pueden engañar, tú consideras en mí simplemente al Hombre, tú honras en mí al embajador de creencias, de costumbre, de amores particulares. Si difiero de ti, lejos de perjudicarte, te engrandezco. Me haces preguntas como se pregunta al viajero.
Yo, que como todos, experimento la necesidad de ser reconocido, me siento puro en ti y voy hacia ti. Tengo necesidad de ir allí donde soy puro. Jamás han sido mis fórmulas ni mis andanzas las que te informaron acerca de lo que soy, sino que la aceptación de quien soy te ha hecho, necesariamente, comprensivo para con esas andanzas y esas fórmulas. Te estoy agradecido porque me recibes tal como soy. ¿Qué he de hacer con un amigo que me juzga? Si recibo a un amigo en mi mesa, le ruego que se siente, si renguea, pero no le pido que baile.
Amigo mío, tengo necesidad de ti como de una cumbre donde se puede respirar. Tengo necesidad de acodarme junto a ti, una vez más a orillas del Saona, sobre la mesa de una pequeña hostería de tablones desunidos, y de invitar allí a dos marineros en cuya compañía brindaremos en la paz de una sonrisa semejante al día. Si todavía combato, combatiré un poco por ti. Tengo necesidad de ti para creer mejor en el advenimiento de esa sonrisa. Tengo necesidad de ayudarte a vivir (...) (Antoine Saint-Exupéri , Carta a un rehén)