martes, 30 de julio de 2013

7 de agosto , festividad de San Cayetano en B°Maldonado



La vida de la persona nueva sigue siendo esencialmente un proceso. Se trata de la encarnación en el mundo de los pobres, de anunciarles a ellos la buena noticia, de salir en su defensa, de denunciar y desenmascarar a los poderosos, de asumir el destino de los pobres y la última consecuencia de esa solidaridad, la cruz. En esto consiste el vivir ya como resucitados.
En frase de Pablo, consiste en "hacerse hijos en el Hijo"; en frase más histórica, en el seguimiento de Jesús. Vivir ya como hombres y mujeres resucitados es recorrer el camino de Jesús, no la identificación directa con el resucitado; es recorrer en fidelidad a la historia el camino que lleva a la cruz.
Al hablar del reino de Cristo en el presente, nada habría más alejado de la verdad que pensar que Cristo quiere ahora ser servido, tener a todo el mundo como vasallo. La verdad es muy otra. El reino de Cristo se hace real en la medida en que hay servidores como él lo fue.
Sin duda es ésta la gran paradoja cristiana, abundantemente repetida, pero difícilmente asimilada: ser señor es servir.
Una vida radicalmente libre para servir trae consigo su propio gozo, aun en medio de los horrores de la historia. En ese gozo se hace notar la presencia del resucitado. En medio de la historia se escuchan sus palabras: "no teman", "yo estaré siempre con vosotros". Pablo repite exultantemente que "nada nos separará del amor de Cristo". A pesar de todo y en contra de todo, el seguimiento del crucificado produce su propio gozo.
Esa libertad y ese gozo son la expresión de que vivimos ya como seres humanos nuevos, resucitados en la historia. Son la expresión histórica entre nosotros de lo que hay de triunfo en la resurrección de Jesús. Hacen que el seguimiento de Jesús no sea el cumplimiento de una pura exigencia ética que se mantiene por sí misma, sino que ese seguimiento lleve en sí mismo la marca de la verdad y del sentido. Pero, recordémoslo una vez más, ni la libertad ni el gozo, ni cualquier otra expresión que se remita a la resurrección de Jesús, son cristianamente posibles al margen o en contra del seguimiento de Jesús crucificado
Cuando la Iglesia, sin embargo, está junto al crucificado y los crucificados, sabe cómo hablar del resucitado, cómo suscitar una esperanza y cómo hacer que los cristianos vivan ya como resucitados en la historia. Quizá las palabras que se usen sean las mismas que se usan en otros lugares; pero tienen un significado distinto; los cristianos las entienden y esas palabras desencadenan vida cristiana.
Jon Sobrino