jueves, 4 de febrero de 2016

Expresiones del P.O.Esteban que marcan el inicio de año y tiempo de Cuaresma



Recomparto un extracto de expresiones convidadas por el P.O.Esteban para ayudarnos a orar y proyectar la vida por comunidades en este contexto de inicio de año , inminente comienzo del tiempo de Cuaresma, año de la misericordia y tiempos de especial expectativa social.
Abajo del extracto comparto también , para que puedan bajarlo e imprimirlo si lo desean , el mensaje completo del P.O.Esteban con algunas orientaciones e invitaciones para el año de la misericordia y el CALENDARIO PASTORAL 2016 (el primer borrador). Bendiciones y renovados ánimos misioneros!!!!!
p. Cristian

“No se olviden de los pobres”

   Esta recomendación es la que recibe San Pablo y Bernabé al concluir su visita a Pedro, Santiago y Juan en Jerusalén (Gal..2,10) Esta ciertamente es la invitación que Dios Padre rico en misericordia quiere renovar en cada uno de nosotros. Ser misericordiosos como el Padre es vivir el mandamiento del amor hacia los demás, y de forma preferencial con los más pobres, aquellos con los cuales Jesús se identifica (Mt. 25).

   En esta Cuaresma cómo no dejar resonar la voz de Dios que nos dice: “Este es el ayuno que yo amo –oráculo del Señor–: soltar las cadenas injustas, desatar los lazos del yugo, dejar en libertad a los oprimidos y romper todos los yugos; compartir tu pan con el hambriento y albergar a los pobres sin techo; cubrir al que veas desnudo y no despreocuparte de tu propia carne.  Entonces despuntará tu luz como la aurora y tu llaga no tardará en cicatrizar; delante de ti avanzará tu justicia y detrás de ti irá la gloria del Señor. Entonces llamarás, y el Señor responderá; pedirás auxilio, y él dirá: «¡Aquí estoy!». Si eliminas de ti todos los yugos, el gesto amenazador y la palabra maligna; si ofreces tu pan al hambriento y sacias al que vive en la penuria, tu luz se alzará en las tinieblas y tu oscuridad será como al mediodía, El Señor te guiará incesantemente, te saciará en los ardores del desierto y llenará tus huesos de vigor; tú serás como un jardín bien regado, como una vertiente de agua, cuyas aguas nunca se agotan” (Is. 58,6-11).

   El Papa Francisco nos dice: “Quien tiene los medios para vivir una vida digna, en lugar de preocuparse por sus privilegios, debe tratar de ayudar a los más pobres para que puedan acceder también a una condición de vida acorde con la dignidad humana, mediante el desarrollo de su potencial humano, cultural, económico y social” (29 de noviembre de 2015). “Casi sin advertirlo nos volvemos incapaces de compadecernos ante los clamores de los otros, ya no lloramos  ante el drama  de los demás ni nos interesa cuidarlos, como si todo fuera una responsabilidad ajena que no nos incumbe” (“La Alegría del Evangelio” Nº 54). “Abramos nuestros ojos para mirar las miserias del mundo, las heridas de tantos hermanos y hermanas privados de la dignidad, y sintámonos provocados a escuchar su grito de auxilio. Nuestras manos estrechen sus manos y acerquémoslos a nosotros para que sientan el calor de nuestra presencia, de nuestra amistad y de la fraternidad. Que su grito se vuelva el nuestro y juntos podamos romper la barrera de la indiferencia que suele reinar campante para esconder la hipocresía y el egoísmo” (MV 15)

“Vivamos la alegría y la responsabilidad de ser Pueblo de Dios”

   Abrir los ojos, los oídos, el corazón a la misericordia del Padre, es abrir los ojos, los oídos, el corazón a su pueblo, a sus hijos, que descubrimos como hermanos.
La misericordia del Padre manifestada en Cristo siempre busca construir lazos de comunión, estrechar y unir las personas, abrir caminos de encuentro, fortalecer la experiencia de comunidad. Basta tan solo recordar algunas parábolas: el Padre Misericordioso que espera el hijo menor y cuando llega hace fiesta,  y luego sale al encuentro del hijo mayor porque también ha de estar en esa fiesta (Lc.15, 11-32), el Buen Pastor que cuando encuentra la oveja perdida la carga sobre sus hombros y la lleva al rebaño e invita a sus amigos a alegrarse porque ha encontrado la oveja perdida (Lc.15,1-7), la viuda que cuando encuentra la moneda reúne en su casa a sus amigas y juntas se alegran (Lc. 15,8-10), el buen samaritano que conduce al que estaba medio muerto junto al camino a “la posada” para que viva la experiencia de ser cuidado (Lc.10,28-37)
Vivir en la misericordia nos lleva siempre a buscar al otro, a dar, a compartir, a no encerrarnos en nuestras comodidades, a gozar del encuentro. 

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