viernes, 18 de julio de 2014

Retiro sacerdotal en Casa Madre de la Paz , Puán

 
 
Los sacerdotes que venimos animando la obra evangelizadora en esta tierra querida de la Diocesis de Viedma nos encontramos durante esta semana en la Casa de Retiro Madre de la Paz para vivir un tiempo de encuentro y maduracion de vida-fe.
Nos unimos en tiempos de oración , tiempos de silencio, tiempos de charlas , tiempos de lectura,  tiempos de descanso , tiempos de mesa compartida.
 
También fue un tiempo de despedidas. El miercoles tempranito partió hacia  Francia  el sacerdote misionero Federico Forel. Después de brindarse pastoralmente seis años en la patagonia emprendió el regreso a su tierra natal para seguir acompañando y sirviendo desde allá. Antes de volar a Francia Federico iba a compartir una visita a Mons. Hesayne en la localidad de Azul. Agradecemos a Dios por su presencia entre nosotros y deseamos lo bendiga en todo aquello que vaya viviendo.
 
Federico , quien tiene la crucesita a la vista
 
 
Si bien se compartió mucho , entre las lucesitas que brillaron con fuerza , fue la de asumir que la plenificacion personal y eclesial se corresponde al hecho de que vivamos siendo Pueblo. El Papa Francisco , a la luz del evangelio, nos espeja esta bella y desafiante invitacion:
 

La Palabra de Dios también nos invita a reconocer que somos pueblo. Nos toma de en medio del pueblo y nos envía al pueblo, de tal modo que nuestra identidad no se entiende sin esta pertenencia. Jesús mismo es el modelo de esta opción evangelizadora que nos introduce en el corazón del pueblo. ¡Qué bien nos hace mirarlo cercano a todos! Si hablaba con alguien, miraba sus ojos con una profunda atención amorosa: «Jesús lo miró con cariño» (Mc 10,21). Lo vemos accesible cuando se acerca al ciego del camino (cf. Mc 10,46-52), y cuando come y bebe con los pecadores (cf. Mc 2,16), sin importarle que lo traten de comilón y borracho (cf. Mt 11,19). Lo vemos disponible cuando deja que una mujer prostituta unja sus pies (cf. Lc 7,36-50) o cuando recibe de noche a Nicodemo (cf. Jn 3,1-15). La entrega de Jesús en la cruz no es más que la culminación de ese estilo que marcó toda su existencia. Cautivados por ese modelo, deseamos integrarnos a fondo en la sociedad, compartimos la vida con todos, escuchamos sus inquietudes, colaboramos material y espiritualmente con ellos en sus necesidades, nos alegramos con los que están alegres, lloramos con los que lloran y nos comprometemos en la construcción de un mundo nuevo, codo a codo con los demás. Pero no por obligación, no como un peso que nos desgasta, sino como una opción personal que nos llena de alegría y nos otorga identidad. A veces sentimos la tentación de ser cristianos manteniendo una prudente distancia de las llagas del Señor. Pero Jesús quiere que toquemos la miseria humana, que toquemos la carne sufriente de los demás. Espera que renunciemos a buscar esos cobertizos personales o comunitarios que nos permiten mantenernos a distancia del nudo de la tormenta humana, para que aceptemos de verdad entrar en contacto con la existencia concreta de los otros y conozcamos la fuerza de la ternura. Cuando lo hacemos, la vida siempre se nos complica maravillosamente y vivimos la intensa experiencia de ser pueblo, la experiencia de pertenecer a un pueblo.
Papa Francisco (Evangelii Gaudium 267-270)
 
Les comparto algunas imagenes del lugar y la gente con quien compartimos parte de estos días :

Atardecer en Puán , mientras subía al cerro del Sagrado Corazón de Jesús


El Hermano Pascual es un incansable impulsor de espacios de oración y encuentro. Acá , con asada en mano, reencauzando el agua que bajaba del cerro despues del fuerte diluvio del lunes y martes. Ya debe andar cercano a los 80 años pero su espíritu tiene juventud adolescente.

Junto a las Hermanas Clarisas , que están en el Monasterio Santa Clara , compartimos las misas de cada día.