jueves, 22 de agosto de 2013

Beato Ceferino Namuncura .A la luz de la Palabra de Dios y de los signos de los tiempos ...


 
 
 
 
COMPARTIENDO DESDE LA PARROQUIA...

A LA LUZ DE LA PALABRA DE DIOS Y DE LOS SIGNOS DE LOS TIEMPOS

 

Evangelio de Lucas 13,22-30

 

“Traten de entrar por la puerta estrecha, porque

les aseguro que muchos querrán entrar y no podrán”

 
El próximo fin de semana celebraremos en el Santuario de Chimpay el testimonio de vida del beato Ceferino Namuncurá. La Palabra de Dios que iluminará ese fin de semana expresa realidades que Ceferino refleja en sus opciones de vida.

Ceferino es testigo directo de un tiempo donde el Pueblo Mapuche padecía los efectos devastadores de las campañas denominadas “conquista del desierto”. Campañas alentadas por el afán de incorporar oficialmente al territorio argentino la masa geográfica patagónica evitando que otro territorio le ganase de mano. El nombre de este emprendimiento prefigura el espíritu del mismo, se habla de conquista del desierto cuando se sabía que el “desierto” estaba habitado y ocupado por comunidades indígenas. Antes de este avance hubo corrientes que alentaron un acercamiento integracionista con las comunidades que habitaban la Patagonia a través de acuerdos y cooperaciones con herramientas y semillas. Pero esta política lamentablemente naufragó y triunfaron quienes pensaban al indígena bajo los parámetros del incivilizado, el bárbaro, el malonero. Se impusieron las propuestas de avanzar sometiendo e instrumentando la fuerza.

Después de muchos sucesos dolorosos y ante la imposibilidad de continuar resistiendo, el cacique Manuel Namuncurá en nombre de la tribu presentó una “rendición honrosa” al ejército argentino para evitar ser menoscabados y al menos asegurar la posibilidad de un porvenir. El senado de la nación le proveyó a la tribu tres leguas de tierra en la zona de Chimpay. Para las costumbres que sustentan el estilo de vida de la tribu este pedazo de tierra es insignificante. Tiempo después, el gobierno valiéndose de una clausula tramposa desplazará la tribu Namuncurá a inhóspitas tierras a pie de cordillera y le entregará al Coronel Guerrico el espacio desalojado con título de propiedad incluido.

 El gobierno le entrega una mensualidad a Namuncurá que este reparte entre los integrantes adultos de la tribu para canjear por alimentos. Lo que el gobierno les entrega es una miseria.

 Ceferino es testigo de los atropellos padecidos y del estado de pobreza crónica de su familia. El P. Noceti escribe “Ceferino demostró una intuición precoz sobre la realidad que lo circundaba y una capacidad de liderazgo que a pesar de ser chico ya se hacía notar: ‘Papá, fíjate como estamos. Si seguimos así vamos a la desaparición. Quiero estudiar para ser útil a mi gente. Quiero revertir esta situación.’.

A los 11 años Ceferino hace un planteamiento inspirado en el hacer de su persona un instrumento de salvación para su Pueblo. Y está decidido a pasar por la “puerta angosta” (Lc. 13,24) , esa puerta que implica dejar a sus afectos y desplantarse de su tierra para ir  a  Buenos Aires a estudiar. No es la única puerta estrecha por la que Ceferino debió pasar, se siguieron presentando desafíos, nuevos discernimientos, nuevas decisiones, nuevas renuncias. Algunas semillas de VIDA sembradas por su testimonio demoraron en brotar, pero nada puede contra los tiempos de Dios y hoy la voz de Ceferino  tiene la fuerza movilizadora de los vientos del sur animando a que “vivamos viviendo”. Ubicados en la realidad que nos toca vivir y optando por el camino de conducirnos con justicia, viviendo una  solidaridad real y efectiva con los hermanos que nos rodean.

Bendiciones!!!

P. Cristian Bonin